Cómo conectar con los demás

¡Pero qué estás diciendo! ¡No sabes de qué estamos hablando! ¡Eso no es así!

Seguro que alguna que otra vez te has sentido incomprendido en el trabajo cuando usan contigo frases como éstas que te excluyen de participar en las decisiones conjuntas que llevan a cumplir un proyecto con éxito.

Ya sea con un cliente, con compañer@s, colaboradores de tu equipo o con el responsable del área. Sentirte incomprendid@ o no ser capaz de aunar opiniones es una de las situaciones más frustrantes que puedes encontrarte en tu jornada. Por eso, el uso de las palabras en un entorno tan delicado, necesita ser entrenado con esmero para que consigas conexión inmediata y profunda en cada conversación y lograr tu propósito, influir en las decisiones y lograr acuerdos fácilmente.

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La inteligencia social agrupa el conjunto de habilidades necesarias para, incluso con las “personas más difíciles”, armonizar las relaciones profesionales, que primero son siempre relaciones personales. Quienes expresan claramente sus decisiones con firmeza, con extremo respeto, con esmero y delicadeza, tienen altísimas probabilidades de conseguir todo aquello que se propongan interactuando con otras personas. Recordemos que cualquier progreso, avance, reconocimiento, éxito, mejora o beneficio pasa siempre por una conversación previa con otras personas. Necesitamos las palabras y…usarlas con arte. Aquí va una de mis mejores ideas para alcanzar ese propósito con honestidad. Es un principio humano que siempre funciona:

“Los consejos producen resistencia al cambio, el descubrimiento, transforma”

En esta frase hay toda una declaración de intenciones. No se trata de imponer nuestra forma de pensar o actuar a otros, si no, ser capaz de hacer reflexionar a quienes se relacionan con nosotros en el puesto de trabajo, y permitirles descubrir aquellos puntos de vista que no habían contemplado antes, incluido el nuestro. Después de esto, es muy fácil influir positivamente puesto que hemos creado un espacio seguro y tranquilo donde la persona ha sentido libertad para decir lo que piensa, sin censuras ni reproches.

Lo increíble de esta manera de relacionarse es que, cuanto menos quieres obligar a alguien a elegir una determinada opción, más proclive es a aceptar la tuya propia. Sencillamente es una cuestión de sintonía y confianza. Nos sentimos atraídos ante quienes se muestran transparentes con su opinión y escuchan la nuestra atentamente, con intención de acogerla con cariño para después formular la propuesta irresistible.

Israel Ponce, Ingeniero de equipos humanos

 

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